
Hace tiempo leí la noticia de 4.000 fotos de la Guerra Civil española que fueron encontradas en la basura de un pueblo del Tirol italiano. El autor era Guglielmo Sandri, un legionario italiano que combatió en Etiopía, España, Yugoslavia y África. Supongo que tenía más alma de reportero que de soldado y lo imagino armado con su cámara, cargado con sus fotos por los distintos frentes. Podría ser un personaje de Hugo Pratt, de esos románticos que, movidos por una incansable curiosidad, buscan un rastro de belleza donde otros no ven más que escombros.
Me ha hecho pensar en la cantidad de fotos que guardo por casa. ¿Dónde acabarán? Ese instante capturado, unas veces por casualidad, otras hábilmente preparado. Con el paso del tiempo, lo que no fue más que un juego, parece importante. Las fotos son una cosa muy seria.
Y todo ésto lo pensaba yo en medio de la lluvia mientras insultaba a todos los conductores que intentaban atropellarme por los distintos pasos de cebra en los que arriesgo diariamente mi vida de vuelta a casa. A saber porqué.


