Por fin el verano, vacaciones, playas, y otras batallas. Me lanzo al abordaje de nuevas aventuras
jueves, 17 de julio de 2008
jueves, 10 de julio de 2008
Abisinias
sábado, 5 de julio de 2008
Noches tan suaves

Decía Napoleón que nadie puede ser un héroe para su mayordomo, o algo así. De igual manera, los ídolos se pueden caer cuando los ves a diario. Si todos los días tomase el café con, por ejemplo, Prince, dejaría de resultarme un tipo extraordinario. Fijo. Pero en ocasiones, conocerlos puede dar pie a lo contrario.
Todo esto viene a cuento por la interminable y dulce noche del jueves (quien dijo que lo bueno, breve, mentía como un bellaco). Después del concierto de Vetusta Morla, en el que parece que estuvo toda Santander -o toda la que conozco- fuimos enlazando bares y música en directo por toda la calle del Carmen. A última hora, Quique Gonzalez se lanzó a tocar unos temas en el sorprendetemente afinado del Rubicón. Mientras una mesa de niñatos dedicó a quedarse con él como si fuese un decadente más, nos dedicó su Pequeño Rocanrol.
No me entusiasma mucho este hombre, reconozco que a sus conciertos les falta un poco de marcha para mí. Pero sólo al piano, sin micro, sonaba formidable. Y eso sólo lo pueden hacer unos pocos. Además, su amabilidad y trato exquisito le ha hecho merecedor de todo mi respeto y admiración.
Lo mismo me pasa con grupos de aquí, como Estereotypo, Hermosos Vencidos, Marcos Bárcena, Ídolos del Extrarradio, y tantos otros, cuya grandeza sólo se ve empañada porque son vecinos.
Al final, terminamos la noche como la empezamos: con Vetusta Morla, que buscaban desesperadamente bares abiertos a donde ir.
Una espiral perfecta.
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