Doy por finalizado el verano cuando me corto el pelo. Suelo esperar a que hayan pasado los días de sur porque me encanta sentir cómo el viento juega con mi cabello, enredándolo, despeinándolo, revolviendo mis rizos como si fueran olas. Disfrutar de los días soleados al principio del otoño, cuando la ciudad está medio vacía, entregada, paseando despreocupadamente y bebiendo vino blanco, deslumbrado por el brillo de la bahía al mediodía.
Pero se acabó. Me he cortado el pelo, ha empezado a llover, el verano se ha acabado.

