
Sería maravilloso que en esta guitarra con forma de lágrima fuese capaz de captar toda la energía de la juventud. Convertir el símbolo del llanto en fuente de energía.
A veces, pocas veces, pero a veces, los planetas se alinean, las estrellas entran en conjunción y todo sobre la superficie de la tierra se mueve al mismo ritmo, perfectamente acompasado, flotando en una extraña luminosidad.
Conocí a un chico en una de esas fiestas de pueblo que se celebran para hacer más agradables los veranos. Me hizo reir. Me encanta que me hagan reir. No teniamos mucho que hacer salvo estar juntos.
Le pregunté: ¿Qué sabes de los ángeles?
-¿Los ángeles? Sólo sé que puedes herirles si les disparas con una piruleta.
Casi al amanecer, cuando todos regresaban a casa con paso cansado, nosotros estábamos refugiados en su coche, abrazados. Sonaba una canción, no sé cual, suave y dulce como su piel.
No recuerdo su nombre; quizá no me lo dijera. Pero a veces, pocas veces, pero a veces toco una canción tan suave como aquella y recuerdo el momento en que toda la tierra bailaba lentamente ese ritmo, en silencio, abrazada a una estrella.




